lunes, 30 de marzo de 2009

Dos (Idilio Sigiloso)

Dos son las manos
que se enlazan
como se enlazan
los cirros en las alturas
del cielo.
Dos son las bocas
que se mojan
como moja la gota
el ápice de una hoja
Dos las miradas que se buscan
como busca
el ave rapiña a su presa.

Tras la armadura
del disimulo,
se camuflan
entre los que dicen
ser lúcidos,
entre los que las escupen
y las llaman
antinaturales.
En público se aman
con los ojos.
En secreto
se acarician las caricias
y fabrican
mi fantasía lasciva.

Dos son los besos
que se guardan
en un relicario
que se abre por
las noches.
Dos las palabras
repetidas por sus voces.
Dos corazones parecidos
y distintos.

Comparten las curvas
y sus siluetas.
Los relieves con lo rosado
de sus senos
y la monocromía
del claroscuro en
sus ombligos.

Porque su amor
no fijó género,
ni hormonas de afinidad.
Su amor
capturó pasiones,
sentimientos
que se corresponden
con besos de estrógeno
compartido.

Son conscientes
de que el polen
es para la flor,
como Romeo
es para Julieta,
de que el protón
es para el electrón,
como el hombre
es para la mujer,
como están
conscientes también
de ser ellas
la excepción.

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