
A veces
los lápices aplican la ley del hielo,
no quieren inventar palabras
de esas que se van entretejiendo una a una
y se van uniendo como retazos de lana.
Se vuelven más tímidos los adjetivos perfectos
y las ideas espontáneas dejan el exhibicionismo.
Las comas le meten el pie a una oración
y los puntos suspensivos tocan los redoblantes…
Los vacíos anaqueles de la inspiración
y el techo oscuro de la alcoba
suelen frotarse las manos
y amordazan a la poesía
para meterla bajo la cama.
Me monto sobre una nube,
lo tengo que hacer,
no queda de otra.
Le pido ayuda a mi sordomuda memoria
y tan sólo me da una escena del ayer.
Los versos arman un gremio.
¡Ay! Pobres versos que se quedan
sin libertad.
Mueren resecos por falta de luz
y dejan huérfanas
a tantas hojas en blanco
que se podría empapelar
la luna con ellas.
Si ven un pedacito de prosa
mendigando en las calles,
díganle que no desmaye,
que no pierda la batalla,
que detrás de la bruma
está el tintero
de algún poeta solitario
esperando su llegada.
¿En dónde vacacionaban las poesías de Bécquer?






hola Mario,
ResponderEliminartu ojo me atrajo a ti
Te sigo.
Se bienvenido también a mis blogs. Me agradaría verte por mi espacio.
un saludo cordial^^