me llevas a otra dimensión,
a otra galaxia,
donde las curvas
y las sombras
aparecen con textura etérea
y tangible.
Me haces delilar
y explorar
en lo más recóndito
buscando
una orilla areolar
y los misterios
de la oscuridad perfumada
que hay entre
dos volcanes de alimento.
Detienes el tiempo
que se gasta alrededor
y en la pupila
se encaja
tu espacio
alucinante
para erizar mis ganas.
Segundos efímeros,
y gloriosos,
me regalan
milímetros
de paisajismo
al despegarse la tela
de la piel blanca,
imán de mis disimulos.
¿A que hombre no has
hechizado?
Si todos
somos tus víctimas
por vocación.
Masoquistas
de tu sortilegio.
Idea morbosa
de algún sastre,
te apareces
en la esquina,
bajo el semáforo,
en el autobus,
en la ventana,
en la orilla
de la playa,
subiendo
alguna escalera
eléctrica,
y hasta sobre un maniquí.
Las ilusiones llueven.
Quiero faltarte
el respeto,
desgarrar
los hilos rojos,
simplemente
deshacerte
y detener
el sufrimiento
de mi visión hambrienta.
Loas al escote…






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