martes, 12 de julio de 2011

Éxodo 20

No tendrás dioses ajenos delante de mí,
excepto las entrañas de las cajas fuertes,
el petróleo o el uranio coronado como un hongo.

No te harás imagen alguna de lo que está sobre las nubes,

ni siquiera de los héroes que yo condené al infierno.
No te inclinarás a ellas, pero si te arrodillarás
para practicarle felaciones al sexo húmedo de un populista.


No tomarás el nombre del SEÑOR en vano,

sólo en circunstancias

donde se quiera amputar ángeles palestinos,

violar a las indígenas o degollar revoluciones.


Te acordarás del día de reposo, para santificarlo,

para que en él, balbucee el terrateniente

y sea explotado el proletariado.


Honra a tu padre y a tu madre,

heredando los arquetipos que les heredaron tus abuelos,

y a ellos,
tus bisabuelos.
De no hacerlo, tus días serán acortados en la tierra.

No matarás,

[Se excluye este precepto a la Agencia Central de Inteligencia]

No c
ometerás adulterio,
únicamente me serás infiel con la pedofilia en la catequesis.


No hurtarás,

no incurrirás en robo

solicitando el Impuesto al Valor Agregado,
ni donaciones para Organizaciones No Gubernamentales.

No levantarás falsos testimonios contra tu prójimo,
le acuchillarás cuarenta y ocho veces
el pecho y el abdomen.
Escupirás sus ojos.

No codiciarás la casa de tu prójimo, ni su mujer,
ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno.
Desearás tres apartamentos, seis mujeres,

mayordomos y un emporio narco.

Y así habló Dios al pueblo de Israel.

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